Con el paso de los años van apareciendo nuevas actividades profesionales, y al mismo tiempo surgen posibles patologías derivadas de las mismas, y una de ellas es la de los “sopladores de calles”, antes denominados “barrenderos”.
Y es que, si bien las e. profesionales siempre han sido diagnosticadas
desde una enfoque retrospectivo, como: silicosis, asbestosis, pulmón del granjero, etc.
Hoy en día podemos hacerlo también
desde una óptica prospectiva, dada la información que poseemos sobre actividades
que cumplen los mismos criterios etiopatogenicos, si bien la singularidad de este caso es la composición diversa y multigénica del material inhalado: de
tipo orgánico e inorgánico.
Citamos esta patología por considerarla quizá la más absurda, y por eso lo describimos con un toque de humor para no caer en amargor. Aunque con todo el respeto hacia los propios trabajadores que son los que más sufren este desvarío social, y por si podemos contribuir a concienciar de los riesgos de su actividad laboral.
Hablamos de "los sopladores de calles".
Se trata de hombres o mujeres
“a un motor pegados”, que allá por donde
van, generan una ola de polvo y ruido, exhalando aire por un
tubo a gran potencia que provoca una nube de polvo y suciedad, desplazándola y yendo
a parar:
1- Un tercio de la misma se deposita en
los laterales de la calzada, donde es aspirada por otro vehículo que les sigue.
2- Otro tercio va a parar a los coches aparcados
y a sus parabrisas, para alegría de los lavaderos de coches.
3-
Y el otro tercio se deposita en los escaparates y ventanas de pisos bajos, para
desesperación de sus moradores.
Una parte importante
también va a los pulmones de los propios trabajadores, así como a los
transeúntes que tienen el infortunio de hallarse en el lugar y momento equivocado.
No actúan solos sino
en grupo de dos o tres, y van vestidos con trajes no transpirables que hacen aun mas penoso su trabajo.
Y se les puede ver mejor a la hora de entrada y salida de los
trabajos y colegios. También en las grandes concentraciones de
gente como manifestaciones, donde comienzan a “humear” entre la multitud, apenas finaliza el acto.
Se les puede oír también desde una distancia kilométrica pues
el ruido que generan es como varias taladradoras industriales, si bien estas
parecerían cantos de jilgueros, a su lado.
¿Qué patologías se pueden generar?
No resulta difícil deducirlo teniendo en cuenta que la composición de la
basura de las calles es diversa y multigenica, desde: excrementos de perros y aves, restos
vegetales, animales, arena, piedras, plásticos, envases y hasta preservativos, además
de todo tipo de microrganismos, aderezado
todo ello con los gases de los tubos de escape.
Y es que no hace falta ser médico ni Rappel, para adivinar
las patologías que produce la inhalación
persistente de dicha basura, conociendo otras situaciones semejantes, desde neumoconiosis como silicosis, asbestosis, a la bisinosis, pulmón del granjero,
etc:
- Patologías agudas como bronquitis, sinusitis, conjuntivitis,
otitis, neumonías y neumonitis que evolucionan a crónicas con fibrosis pulmonar y IRC. con respiración asistida y pronóstico de muerte precoz.
- Patologías derivadas del ruido y vibraciones del motor adherido
a la espalda, desde: hipoacusia, alteraciones vertebro-discales,
irritabilidad, insomnio, alteraciones nerviosas y/o psiquiátricas, etc.
Hay que decir que en algunos casos, estos trabajadores llevan auriculares o mascarillas simples, pero estas medidas resultan claramente insuficientes.
La etiología última de este "desvarío social" parece claro que es: la irresponsabilidad o la lobotomía que parecen tener los políticos responsables.
Y el tratamiento más eficaz (para disgusto de los lavaderos
de coches) tal vez sería simplemente volver a utilizar chorros de agua dirigida
que encauza a las alcantarillas lo que por naturaleza allí debería ir, limitando
con ello la “nube toxica”. Acompañados de los vehículos que barren y
aspiran la suciedad del suelo previamente mojada, resultando así mas eficientes. Todo ello sumado a medidas mas eficaces de protección de los trabajadores.
(El gasto de agua siempre será inferior al de los lavaderos de coches y limpieza de escaparates y ventanas)
Mientras esperamos lo imposible, esto es que los políticos entren
en razón, nosotros confiamos que el tiempo ponga las
cosas en su lugar.
Y parece claro que la
solución solo vendrá cuando por parte de los propios trabajadores, se formule denuncia judicial, que es la única vía
eficaz para luchar contra personas o instituciones amorales.

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