Hablamos de la
película de “El señor doctor” (1965), donde Cantinflas encarna la figura de un médico
de familia en el entorno rural y más tarde, también en el hospitalario.
En la película se muestran los valores eternos y universales de la Medicina o lo que es lo mismo, los principios
que se necesitan para ser buen médico o simplemente un médico.
Y que no son solo, los conocimientos técnicos o teóricos de la Medicina.
Cantinflas lo representa asumiendo estos principios fundamentales e imperecederos, que curiosamente son los
mismos que nos enseñaron los grandes maestros de la Medicina, desde Hipócrates,
W. Osler, G. Marañón, etc., si bien cada
uno enfocándose más en determinados aspectos, pero en
síntesis podríamos decir que son idénticos.
Hipócrates se enfoca más en la pulcritud moral, Osler en las tres H: humanidad,
humor y humildad. Y Marañón en la
generosidad y el humanismo. Todos ellos ya los resumimos aquí: 7 principios para ser un buen médico.
La influencia de W. Osler en el guión de la película resulta evidente a lo largo de toda la trama, así como la consideración del juramento Hipocrático, de hecho se recita algún principio y se establece también un dialogo "cantinflero" entre el Dr. Medina (Cantinflas) e Hipócrates.
La singularidad de Cantinflas
en esta obra, es tanto por lo que enseña y por como lo enseña: de la forma más eficaz y didáctica:
a/ Con su presencia: mediante la imagen,
palabra y acción, en este caso a través de la magia del cine, que es lo más parecido al mimetismo, y que como se sabe, resulta la forma más eficaz de
aprendizaje.
b/ A través del humor, que como la poesía
y la música, es la forma más sublime de reflejar la realidad.
c/ Y a través de los sentimientos, que es
lo que tenemos más en común todos los seres humanos. Alcanzando a
veces, cotas máximas de intensidad emotiva.
Es por ello que creemos, que esta película puede
resultar de especial utilidad para estudiantes y médicos en formación.
Y por lo que la desgranaremos en sucesivos capítulos.
Naturalmente hay que tener en consideración la época en la que fue hecha y la sociedad que reflejaba, por lo que algunas escenas o expresiones podrían resultar chocantes hoy, pero no lo son contextualizadas en su tiempo.
Llama la atención el respeto extremo que se muestra hacia la dignidad de los pacientes, así como también en el trato hacia los compañeros, por ejemplo el médico llamaba siempre de Usted a todos los pacientes: doña Lola, don Manuel, etc., mientras que los pacientes sí se permitían denominar al médico con el apelativo afectuoso y respetuoso, de "doctorsito".
Para los que conocemos y amamos México, este trato humano es un signo distintivo de la idiosincrasia mexicana, donde simbióticamente están fundidas la herencia humanística indígena e hispana.


