jueves, 18 de junio de 2026

¿España sigue siendo católica?

  

El papa Leon XIV bendiciendo a un enfermo crónico


        Se cumple casi un siglo, desde que el presidente Manuel Azaña proclamara la célebre frase: ¡España ha dejado de ser católica!, a la que se prosiguió la quema y el saqueo masivo de iglesias y conventos y la profanación de sus tumbas; así como el asesinato, tortura y violación de miles de religiosos y religiosas indefensos.
     Y también la de muchos ciudadanos que se atrevían a portar públicamente cualquier símbolo cristiano, como una cruz.

     Hay que reseñar que de esos miles de mártires, ninguno renegó de su fe para librarse de la muerte y tortura, y no pocos proclamaron antes de morir, su perdón hacia sus verdugos.

    Transcurridos casi 100 años, de los cuales 40  fueron bajo una “religiosidad tutelada”,  y más de 50 con una dinámica sociopolítica de disolución de dicha religiosidad, cabe preguntarnos: ¿España sigue siendo católica?

      Y la respuesta la hemos visto con la visita del Papa León XIV a España, que ha sacado a la luz como catarsis, lo que surge de forma natural todas las Semanas santas, poniendo de manifiesto la profunda raíz religiosa del pueblo español, que va mas allá de la espuma social de los políticos y cronistas .

         El alma del español está impregnada de una religiosidad histórica que aun en aquellos hombres de espíritu más liberado, en apariencia, de la preocupación de la divinidad, no llega a desaparecer, sino que queda reprimida en su subconsciente, corriendo, a veces, por cauces extraños que lo represan y canalizan”     
                                         *Gregorio Marañón 

        Y es que el país que ha extendido por todo el orbe, la Iglesia universal fundada por Cristo, y la ha defendido en los momentos más críticos de su historia. 
La tierra donde la Virgen ha dejado marcada más, su presencia -no en vano el Papa Juan Pablo II la llamó “tierra de María”-, se manifiesta una vez más sedienta de Verdad.
       Y el mensaje del Papa vuelve a resonar como una bocanada de aire fresco en un mundo que se ahoga y asfixia.

       Los actos del Papa bendiciendo a los más vulnerables: bebes, enfermos y discapacitados, etc., es un mensaje directo a una sociedad donde se aplica la “la política del descarte” por la que son asesinados más de 100 mil niños al año dentro del vientre de sus madres y pronto pueden serlo aún más, de personas discapacitadas, ancianos dependientes  y enfermos crónicos.  

El papa Leon XIV bendiciendo a un niño enfermo
   

        Pero esta visita ha mostrado también partes negativas de la realidad social: como la fealdad en general de los actos organizados por representantes católicos, especialmente en Madrid, lo que destapa tal vez una fe inmadura o superficial, más de sugestiones que de razones y convicciones, Antonio Banderas lo expresó sin querer, cuando dijo “estar hechizado por Dios”.

        Y es que una Fe que no puede crear belleza siempre debe hacer cuestionarnos un por qué, pues la Fe va unida y se manifiesta en Verdad, bondad y belleza. 
 Solo las ceremonias litúrgicas –ajenas a lo efímero-, fueron de una belleza singular.

      Por otro lado el “aquelarre artificioso” de las lenguas regionales como instrumentos disgregadores de España -que es de lo que viven los políticos-, (y que intentó sabotear hasta el último momento, la visita del Papa), choca si cabe más, en la Iglesia de Cristo, que por naturaleza es universal.

      La esperanza sin embargo, es que sabemos que la Fe puede crecer y madurar en la medida que nos acercamos a la Verdad.
       Y también, como nos ha señalado el Santo Padre, mediante la oración, que es el acto supremo de comunicación entre Dios y los hombres.

      "El pueblo español, tantas veces diagnosticado de paralítico y colapsado -y precisamente, por lo común, en vísperas de sus etapas más fecundas-, ha sido ahora también juzgado en trance de morir por los clínicos más competentes de nuestra política.
       Pero estos clínicos sociales se equivocan, ¡ay!, todavía más que nosotros, los que tomamos el pulso a los hombres enfermos..
   .. Y olvidan que la forma máxima de vitalidad en biología, es la resistencia. 

                                                     *Gregorio Marañón 

      

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