sábado, 22 de diciembre de 2012

LA NAVIDAD como terapia



Llega la Navidad, y con ella surgen en casi todas las personas, un cúmulo de emociones: ilusión y alegría pero también melancolía y tristeza.
Esa tristeza conlleva a vaces al desanimo o la depresión, por ello seria saludable reorientarla, pues el espíritu de la Navidad, por encima de todo, es tiempo de esperanza.

 Y se puede influir en las emociones, tal vez mediante un mayor reconocimiento de la realidad, pues cuando nos hallamos entre los árboles, a menudo no podemos divisar el bosque; Por ello, tener la posibilidad de ver mas allá de nuestros ojos, siempre nos permitirá elegir mejor por cual acera caminar: por la que da mas el sol, o la sombra.

Y una de las cosas ciertas, es que la Navidad significa, por encima de todo, nacimiento y renacimiento para las personas: es la renovación del divino préstamo de vivir cada año, el segundero de la civilización y de la historia, se podría decir que la Navidad es para las personas lo mismo que la primavera para las plantas, pues simboliza el nacimiento y renacimiento de nuestra civilización, es el  niño que nace o la flor que brota cada año.

Pero la Navidad  significa tambien fortalecimiento de las raíces personales y sociales, a través de la familia, que es la columna principal de la persona y por ello de la sociedad, solo por eso ya seria saludable. Es la época en la que se come en unión,  "comunión"  con los seres queridos.

También para la salud, la Navidad supone renovación y fortalecimiento físico y mental pues hay un acumulo de energía y vitalidad, es el momento de “recargar las pilas” con los alimentos mas energéticos y saludables; No por casualidad es la época de las naranjas y mandarinas: uno de los divinos talismanes de la salud.

 Pero sin duda los dos peligros que más acechan al ánimo durante la Navidad, son la melancolía y la tristeza, según cada persona o circunstancia, y es que, estos dias significan también recordar a los seres queridos que ya no están, o épocas infantiles de ilusión y magia que se fueron, ademas de ser los dias mas cortos, frios y oscuros, lo que propende a la introspección.

Para quienes poseen el don de la Fe, hay que admitir que es mas fácil reorientarlo todo en positivo, pues ella permite dar un sentido trascendente a la vida. Estas fechas permiten renovar nuestro compromiso como cristianos ademas de conmemorar el acontecimiento mas importante, desde que el mundo es mundo: la venida de Dios haciéndose hombre.
Pero para todos, es momento de esperanza y generosidad, pues familia y sociedad se confabulan para sembrar y compartir ilusión con los niños.

Tal vez, no por casualidad, eligió Dios su venida al mundo en estas fechas y en  circunstancias tan adversas (tambien medioambientales): para mostrarnos, mas claramente aun, si cabe, su mensaje radicalmente esperanzador.

Y es que. como  dice José Luis Martín Descalzo:
  "A pesar de las miserias del mundo, cada niño que nace, cada día que amanece, cada flor que brota, cada Navidad que celebramos: es la prueba palpable y fehaciente de que Dios ha apostado por el hombre”.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Recordando las bases de la profesión del Médico


Gregorio Marañón
En épocas de tribulaciones, tal vez es bueno y hasta resulta necesario reforzar los cimientos de nuestra vocación y los anclajes de nuestra profesión, lo que sirve para recordarnos a su vez, cual es -o deberia ser- nuestra misión social, en ningun caso la de ser "mercaderes de la salud".
Y para ello nada mejor que volver a los origenes de la misma, a través  de los grandes maestros humanistas de la Medicina universal como Gregorio Marañón.
 Suyas son estas palabras :
 

“La Medicina tiene dos aspectos que la colocan en el rango de las actividades
que exigen una vocación de superior categoría, aquella que hemos comparado con
el amor, y que por tanto requieren atracción intransferible hacia su objeto, espíritu de
sacrificio y aptitudes específicas.
Estos dos aspectos son: su práctica gratuita y entrañable en los pobres (y quizá en
los que no lo son), tantas veces comparada con el sacerdote, y su estrecha alianza con
la investigación científica pura”.

Pero si tiramos por la borda, como una antigualla más, el concepto sacerdotal
del médico, la supremacía de la vocación para ejercer nuestro arte, entonces no
tenemos derecho a quejarnos de que se nos exijan responsabilidades por defectos
en el ejercicio profesional, que, en realidad, solo pueden resolverse en el ambiente
de mutuo amor en que se desenvolvía la Medicina de antaño.
El médico actual no puede compararse, en punto a eficacia profunda, con el
viejo médico de familia, que hacía también lo que podía para aliviar el dolor de sus
enfermos, pero que, además era el consejero, el confidente y el paño de lágrimas
en los hogares a los que era llamado
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“Generosidad absoluta, esto es lo que hace respetable la actitud del médico:
generosidad cordial en el consejo y -permitidme que descienda a la tierra- generosidad
también en el aspecto monetario, pues salvo excepciones, este tipo de la actuación
nuestra, tan vecina de la del confesor, no debe ser jamás motivo de remuneración”.
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Un médico no está jamás autorizado a juzgar la conducta de los demás, sino
pura y simplemente a exhibir la propia vida en lo que pueda tener, no de ejemplo,
sino de ejemplaridad, es decir, de intención: que unas veces acertó y se equivocó
otras, quizá la mayoría. Sólo así me presento ante vosotros.
Yo no osaría alegar en un certamen científico mis publicaciones, ni mis cualidades
de clínico en un examen profesional. Pero ante el tribunal más riguroso
comparecería con la frente sin sombras para decir que nunca, ni por vanidad, ni
por interés, ni por ninguna otra razón de este mundo, he rozado a sabiendas los
deberes de la ética profesional.
 Cuando me he equivocado ha sido siempre sin quererlo, 
quedando siempre a salvo la intención. 
Y la intención es lo más digno que el hombre puede ofrecer al juicio de los demás.

Porque en contra del erróneo refrán que asegura que el infierno está empedrado
de buenas intenciones, yo diría que el camino que conduce al cielo, 
los hitos que marcan la ruta verdadera son, principalmente, 
las buenas intenciones de nuestra frágil humanidad.

Del libro “El médico y su ejercicio profesional en nuestro tiempo”.
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El pueblo español, tantas veces diagnosticado de paralítico y colapsado -y precisamente,
por lo común, en vísperas de sus etapas mas fecundas-, ha sido ahora
también juzgado en trance de morir por los clínicos mas competentes de nuestra
política.
Pero estos clínicos sociales se equivocan, ¡ay!, todavía más que nosotros, los que
tomamos el pulso a los hombres enfermos.. .
.Y olvidan que "la forma maxima de vitalidad en biología es la resistencia."
   
  Gregorio Marañón

 

martes, 11 de diciembre de 2012

Parodias para la reflexión

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Se trata de una parodia y como todas, inducen a la reflexión, aunque somos conscientes que también se podrían hacer sobre lo público.
Con todo nuestro respeto a los compañeros que trabajan en el sector privado y asimismo a muchos de esos centros, especialmente los de inspiración cristiana, que conocemos y sabemos funcionan con criterios de  ética y eficacia ejemplares.

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*De la pelicula "Agitese antes de usarla".